Se me ocurre pensar en Caracas como una bella mujer. Silente, pasiva, intelectual. También misteriosa, como una loca pasión de momento, como una rosa escondida en la bruma. Así la encontró Leo Matiz: Bella, sencilla, perfecta. Y como unos dedos románticos descubren a una mujer, su lente y visión descubrió a nuestra bella Caracas.
Eran otros momentos para esta mujer. En plena flor de su juventud, en pleno auge de su belleza—en su mejor encuentro con la modernidad—. Con este fotógrafo (Matiz), conocemos a la ciudad que enamoró a muchos hombres, sus lindas calles, su cultura, el orden que nuestros abuelos quisieron establecer, incluso los políticos dignos de gobernar sobre esta imponente ciudad.
En este documental (Leo Matiz en Caracas) nos aproximamos a una cultura agotada que solía girar en torno a la bella Caracas. Sus tradiciones, bailes, conciertos, infraestructura. Es el retrato perfecto de la melancolía para quien la conoció. Era una Caracas que, aunque había procesos políticos duros pero elementales—los cuales también fueron capturados por la cámara de Matiz—, no se disuadía en la ideología de Marcos Pérez Jiménez, ni siquiera en la llegada de Rómulo Betancourt, se mantenía—la mantenían—siempre bella y alegre, como toda mujer hermosa merece ser tratada.
Con Leo Matiz no sólo se ve el contexto histórico de la época—Marcos Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt y los primeros procesos electorales—. También se ve una tímida sonrisa, formada por el estilo de vida ordinaria de los caraqueños y su cultura urbana. Se ve a una Caracas dispuesta a enfrentar la modernidad bajo un casco apreciativo que implora belleza.
En contraposición al paneo estético que propone el documental “Leo Matiz en Caracas”, encontramos “Caracas en Cenital”, un conjunto de fotografías de Nicola Rocco que muestran a nuestra ciudad luego de unos 40 años. Claramente se ve un amplio crecimiento de la ciudad, pero este crecimiento no es grandeza. La grandeza, al parecer, es lo que se está perdiendo.
Lo que solía ser orden, belleza, tranquilidad pasó a ser congestión, desorden y una evidente amnistía que permite que la ciudad siga perdiendo su esencia.
El planteamiento de “Caracas en Cenital” es la exposición del desorden urbano, de infraestructura y de expansión. En esta propuesta vemos distintos paisajes que conforman a la actual Caracas—incluyendo las ciudades satélites y otras zonas colindantes—, desde los Altos Mirandinos hasta Guatire-Guarenas, desde El Hatillo hasta El Litoral, desde Los Próceres hasta el Centro de Caracas.
La bella Caracas dejó de ser una ciudad dispuesta a la modernidad y pasó a ser víctima de ésta. El crecimiento de población ha exigido un acelerado proceso de construcción que arremete contra la estructura fundamental de Caracas. Parece ser que en esta ciudad ya no se vive, se sobrevive. Y cuestionando las bases conceptuales de sociedad, las condiciones de vida se han reducido a un desorden comunitario. Hemos dejado caer nuestro diamante más precioso sobre un pozo de petróleo.
¿Qué le pasó a mi bella Caracas? ¿Qué le pasó a mi bella mujer? ¿Será que no aprendimos a cuidarla, a respetarla? Las casas con techos de zinc se esparcen sobre las áreas verdes sin importar qué se pierde, las urbanizaciones se vuelven zonas industriales, las calles se desordenan y Caracas, como siempre, silente. No se queja, deja que sus hijos la maltraten y hagan de ella un circo de rarezas e inquietudes. Tenemos a la más bella de las mujeres sucia y descuidada.