lunes, 19 de julio de 2010

Cuento de un amor

Me asomé al mar para verla. Su piel oscurecía en la profundidad y sus lágrimas se perdían entre el agua. No podía entrar a salvarla de su tristeza, aquella de no poder estar juntos. Lloré de tanto desearla y al tocar mis lágrimas la superficie del agua todo cambió. Pasa que mi tristeza se unió a la suya. El mar es sólo de ella y el aire es todo mío; por eso el mundo es nuestro, todo es nuestro. Y aunque nunca estemos juntos, sabré que me guardo, universal, en un rincón de su memoria.

martes, 13 de julio de 2010

calor de viejo

El frío camina. Tácitamente entre el espacio en contexto de tiempo. Soy yo quien lo siente. Efecto retardado de años de incertidumbre. Poco a poco, con los meses voy coleccionando pedazos de tela... algunos de gran tamaño, otros muy pobres. Pero al paso de tela en tela consigo un nuevo abrigo. Refugio de madurez. No es un proceso cíclico, de rutina monótona gastada por el uso. Es línea que asciende.

Lentamente en los años baja la temperatura y necesito más calor. Abrigo que termino, sobre el viejo me lo pongo. Los acumulo por necesidad física, elemental. Necesito tantos abrigos como largo es el camino. Para no ser cuerpo muerto golpeado contra la pared, viviendo del frío, muriendo sin el calor.

Y es que cada abrigo que hice, hago y haré tendrá su recuerdo que me da calidez. Cada uno me cuesta y en cada uno aprendo más. Los agrupo en mis hombros, y con esto viviré. Y aunque otro día moriré y mis abrigos no les quedará en sus hombros, me bastó abrazarte en la vida y darte todo mi calor.